Joy Division, Ian Curtis y la invención de una nueva tristeza occidental
M e cruzo un pibe de unos veinte años con una remera de Unknown Pleasures , mirando el celular y esquivando gente sin levantar la cabeza, con esas líneas blancas que parecen montañas, un electrocardiograma o la respiración entrecortada de una máquina a punto de apagarse. Capaz que conoce todos los discos de Joy Division. Capaz que no escuchó ninguno. Es posible que haya comprado la remera porque estaba buena, porque combinaba con un pantalón negro o porque ese dibujo ya forma parte de un idioma visual que nadie necesita traducir, poco importa. El símbolo llegó hasta él, cruzó un océano, sobrevivió a la banda, al cantante, al sello discográfico que lo imprimió y a la ciudad industrial de la que salió. Casi medio siglo después continúa ahí, viajando en el pecho de un desconocido. Las líneas reproducen cien pulsos consecutivos de CP 1919, hoy identificado como PSR B1919+21, el primer púlsar descubierto. Peter Saville tomó aquella imagen científica y la convirtió en la portada de Unknown...




