Incubus y el extraño arte de no pertenecer
A comienzos de los 2000 había mucha gente enojada. Al menos eso parecía si uno prendía MTV . Tipos con pantalones enormes, guitarras afinadas varios pisos por debajo de lo habitual, adolescentes rompiendo cosas, cabezas rapadas a los gritos, piercings, tribales y una angustia masculina que había encontrado finalmente una frecuencia donde transmitir. Korn, Limp Bizkit, Slipknot, Linkin Park... El rock estadounidense había descubierto que el malestar adolescente podía llenar estadios y las discográficas, más rápidas que una marca de ropa cuando detecta que “los pibes ahora se visten raro”, empezaron a multiplicarlo. Woodstock '99 había terminado convertido en una especie de documental anticipado sobre el derrumbe de una época: calor, basura, incendios, violencia y cientos de miles de jóvenes encontrando que el festival de paz y amor de sus padres podía regresar treinta años después convertido en otra cosa bastante caótica. El día en que el nu metal miró hacia el mar. En medio de ese ...




