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El ruido y el silencio de Osvaldo Garbuyo

Hay una escena que no está en ningún archivo, pero sobrevive en versiones deformadas, como esas cintas que alguien grabó arriba de otra cosa: Bufón debutando, finales de los noventa, poca plata, un público que todavía no sabe bien qué está viendo, una mezcla de funk, metal con letras entre corrosión y poesía. Al costado —literalmente al costado— y entre el público, unos pibes que después van a ser un poco más conocidos y se hacen llamar “La Vela Puerca”, oficiando de teloneros. Nadie ahí está pensando en la inversión futura de roles. Nadie imaginó que, unos años después, en un momento casi simétrico, Bufón iba a estar abriendo en Obras, Buenos Aires, para La Vela, como si la historia tuviera un sentido que no tuvo. La utopía más hermosa E n 1998 un aviso en los clasificados termina de armar la banda. Sin épica ni romanticismo, con una practicidad casi desesperada, ensayaron durante meses creando un híbrido de géneros sin bordes claros en el cual se podía pasar del metal al bolero a...

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