La frontera y sus fantasmas: Nakhicheván
El país que siempre queda del otro lado Hay lugares donde el mapa te hace pensar dos veces. Nakhicheván pertenece a Azerbaiyán, pero a lo largo de ambos se extiende Armenia, como una página arrancada de un libro. Es un exclave, sí, pero también una advertencia: las fronteras rara vez son el final de una historia, casi siempre son el comienzo de algo. Después de varias entregas esta serie empieza a revelar un hilo invisible. Llívia mostraba el poder del derecho; Baarle, la persistencia del mundo feudal; Nahwa, la fuerza irracional (suponiendo que alguna fuerza no lo sea) de las lealtades tribales; Campione, la economía como ente rector; Kaliningrado, la guerra sobre la memoria y el territorio como palimpsesto cultural; Cabinda, el colonialismo y los recursos naturales. Nakhicheván incorpora otra dimensión que hasta ahora no vimos: el poder de la geopolítica. Ese extraño momento en que los Estados dejan de dibujar mapas para empezar a vivir en ellos. Limitando con Armenia, Irán y Turquí...




