Ladrá, ladrá, mordé
No se murió un hombre. Se quedó sin huésped una vieja máscara. El animal que respondía cuando lo llamaban por ese nombre ya venía retirándose desde hacía años, dejando migas de pan para que los curiosos confundieran el rastro con el camino.
No era un santo. Los santos no desconfían. Y él desconfiaba hasta de los espejos cuando le devolvían una cara demasiado prolija. Tampoco era un héroe. Los héroes llegan en hora siempre. Él, siempre tarde, un pelado despeinado, con la camisa salpicada por el vino de los náufragos.
Rodeado de voces de los aduladores, de fiscales de la moral, mercaderes del prestigio. Pero sobre todo las de los que juntan monedas para volver a casa, los que aman mal, los que pierden, los que se quedan mirando una ventana a las tres de la mañana re duros
A esos les robó algunas palabras. Y ellos, generosos o distraídos, lo dejaron. Ahora lo entierran... Y habrá discursos, placas, especialistas que midan la longitud exacta de su sombra. Qué trabajo inútil.
Las canciones ya escaparon, sueltas por ahí, escondidas en autos con el parabrisas roto, en auriculares baratos, bares donde alguien insiste en brindar por una causa perdida. Si alguna vez tuvo un reino, fue ese; territorio sin bandera, administrado por derrotados.
No era un santo. Los santos no desconfían. Y él desconfiaba hasta de los espejos cuando le devolvían una cara demasiado prolija. Tampoco era un héroe. Los héroes llegan en hora siempre. Él, siempre tarde, un pelado despeinado, con la camisa salpicada por el vino de los náufragos.
Rodeado de voces de los aduladores, de fiscales de la moral, mercaderes del prestigio. Pero sobre todo las de los que juntan monedas para volver a casa, los que aman mal, los que pierden, los que se quedan mirando una ventana a las tres de la mañana re duros
A esos les robó algunas palabras. Y ellos, generosos o distraídos, lo dejaron. Ahora lo entierran... Y habrá discursos, placas, especialistas que midan la longitud exacta de su sombra. Qué trabajo inútil.
Las canciones ya escaparon, sueltas por ahí, escondidas en autos con el parabrisas roto, en auriculares baratos, bares donde alguien insiste en brindar por una causa perdida. Si alguna vez tuvo un reino, fue ese; territorio sin bandera, administrado por derrotados.






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