El día en que el algoritmo me dijo que no tengo recuerdos

Hoy una máquina me avisó que no tengo recuerdos.
Lo hizo con educación, con su tono amable de red social:
“Hoy no hay ningún recuerdo para ver o compartir”.
Como si la memoria dependiera de un servidor,
como si el pasado necesitara permiso para existir.

Qué curioso —y un poco siniestro— que el olvido
venga ahora con íconos de tazas y corazones,
con paisajes vectoriales y un azul que promete calma.
No hay recuerdos, dice el algoritmo,
pero yo los siento molestando como moscas
Sonando como nombres y esquinas que ya no recorro,
todo eso que no subí, que no etiqueté,
que no tuvo "me gusta", parece ser que no existió.

Ojo, tal vez tenga razón:
no hay recuerdos que el sistema pueda reconocer
Pero es difícil explicar lo que no se puede medir.
El olor del domingo en una casa que hoy es un resto,
la canción que tarareamos juntos hasta que hoy la tarareo solo,
el silencio que me acompaña 
mientras juego a tirar piedras como un subnormal.

Hoy no hay recuerdos, repite.
Y sin embargo, me agobian por suerte.
Quizás lo mejor que nos pueda pasar
es que los algoritmos sean ciegos a eso.

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