Conocé el arte de Walixe Jazy

El producto de la soledad de un autodidacta, esa podría la breve -brevísima- forma de acercarnos al arte de Walixe Jazy, un músico prácticamente desconocido con un especial talento para retratar la compañía y el amor, suponiendo que no son la misma cosa.

Emiliano Vera, tacuaremboense de 24 años, con varias pieles músicales, que ha ido cambiando con el tiempo sin necesidad de anunciarlo, es el creador detrás del proyecto Walixce Jazy —con el cual se ha presentado en vivo acompañado de Melany Maciel—, donde condensa un recorrido íntimo y esquivo que flirtea entre poética de pétalos mustios y un sonido sincero que no guarda reparos en mostrarse en pleno crecimiento. Gualiche, como le dicen sus amigos, es todavía una banda que sólo un puñado de afortunados conoce. Nacido bajo el influjo de la música, genéticamente artista, como entendiendo en el sonido un idioma previo a la palabra. Emiliano es hermano de Federico, el creador de Incluso si es un susurro soviético, quien además es una de las iluminadas almas detrás del Tacuanoise, el festival de música independiente más importante como mínimo del norte del país. Y lo que pudo comenzar como un juego de Hnos hoy tiene a dos de los músicos más talentosos de la escena alternativa uruguaya. De pocas palabras, me contó que “yo no sabía qué tocaba, sabía que tocaba y sonaba bien”, cuando comenzó a experimentar con la música. En esa frase aparece el germen de todo: un gurí de 9 años que allá por 2010 aún se empecinaba en escuchar a los Beatles, alguien que no tiene problemas con sentir que va contracorriente. Con oficio de orfebre, a los 15 años creó la primera de sus decenas de canciones, algunas de las cuales le tomaron unos cinco años de composición, como si la paciencia fuera también un estilo musical.

En el fondo de una biblioteca de estudiosos de la liturgia noventera del rock alternativo, entre lo fi y folk, sobre viejos anaqueles de algo llamado Bandcamp —que ya muchos creen extinto y otros directamente olvidaron— duerme un manojo de vibrantes canciones, en las que lo artesanal todavía sostiene una comunidad, un sentimiento que nos invita a acercarnos al otro. Antes, fue voz y guitarra en Demacrados y participó de otras bandas como Inminente o Julia Lunar, donde tocó la batería. Una buena tarde, seguramente de otoño, cayó en ese agujero de conejo musical que es - me paro para escribirlo - John Frusciante - me siento -, y no salió ileso, ya nada fue igual. Walixce Jazy tomó forma con esas hebras de sonido y se sigue desenvolviendo desde ese cuerpo creativo. Estamos frente a un músico tímido (al fin un artista que no se cree el centro del planeta), que casi no existe en las plataformas musicales, esas en las que todos parecen hacer fila para querer estar. Un tipo sencillo que va por la vida pescando razones para componer y tiene mucha más música grabada que publicada. Puede que algún desprevenido todavía lo conozca como Emily Watson, otro de los alteregos con los que dio vueltas por internet. Le ha hecho varias canciones a sus mascotas, incluso algunas se enredan entre sí. Vive en un estado de inspiración letárgica, como si su parsimonia fuese fundamental para macerar los mejores sabores de su arte. Casi no se lo escucha tocar —dice que le da vergüenza oírse— pero cuando lo hace revitaliza lo sencillo de las cosas que nos conmueven. En su Bandcamp están sus EPs Hoy me quedo un rato, para bailar llorando por lo lindo que es que algo todavía te duela y todavía no estés totalmente anestesiado, o Mborayhu, más intimista, poético y experimental. También subió su single “Como Quisiera”, que condensa una furia británica inusual en el rock nacional. Escuchar a Walixce Jazy hace bien, porque es recordar que el arte no debería pervertirse de sus designios. Es conocer a un músico que antes que artista eligió ser persona y tener los fantasmas que un humano debe tener.

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