lo que yo quiero mostrar es la belleza devastadora de una traición

D.S.Vórtex

cuchillo, idioma de lámparas

ya no reconoce el nombre del aceite.

musgo, espada agotada

hasta el granito adquiere pulso.

ya no vas cargando la montaña

ahora ella habita tu pecho,

como una deidad procrastinando,

esconde relojes muertos

en la garganta de los bueyes

que alimento con mis vértebras,

que chispean leche negra

que yo llamo «futuro».

con un hilo de mercurio

tejo el mantel

sobre el que servir las migas

que me diste de tu ternura

y luego voy desarmar mi carne

hasta golpear la puerta de un faro sumergido,

que vive en tus sueños,

que sueña que vive,

en donde cada expresión de cariño

se escribe con tinta que desaparece,

que sólo se lee desde espejos

fabricados con la respiración de pulpos.

en los que todos se ven creyendo tener una cara

que en realidad inventan…

y la memoria,

animal obediente si lo hay,

muda piel para parecer mentira,

en un museo de huellas

de todos aquellos que se disculpan

por cosas que no hicieron

(mi nombre ocupa una sala entera,

cerrada con una llave de cera),

desde donde tenemos vista privilegiada

a Sísifo en romance con Morfeo,

mientras la roca sigue subiendo sola

(todo lo sólido se desvanece en el aire, leí una vez…),

mientras sigo convirtiendo sangre en pan

porque sólo busco sedarme,

lo que yo quiero mostrar es la belleza devastadora de una traición

en un fauno,

porque algunas perfidias no te matan,

hacen algo más quirúrgico,

dejan tu cuerpo intacto

y tu universo dislocado.

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