Hangwire: rara avis uruguaya
La banda arrancó durante la pandemia por iniciativa de Andrés D’Souza y con
el tiempo terminó convirtiéndose en el trío que integra junto a Federico
Texeira y Tomás Airala. Lo que empezó casi como un experimento terminó tomando
forma en Farewell, su debut de 2023, un disco donde aparecen clarísimo
el post-punk, el rock gótico, el darkwave y algunos rastros de shoegaze. Joy
Division, The Cure, New Order o Interpol están ahí, sí, pero también hay un
profundo gesto propio en la manera en que Hangwire arma sus canciones: bajos al
frente, guitarras con bastante aire, baterías firmes y una voz que parece hecha
para cantar sobre ciudades grises y crisis existenciales.
Y justamente ahí está una de las cosas más llamativas. Uruguay tiene una
historia enorme de rock, punk y música alternativa, pero que una banda se
plantee hacer post-punk de lleno sigue siendo una rareza. No porque no haya
músicos capaces de hacerlo, sino porque es un género que acá nunca tuvo una
tradición masiva. Además, decidieron cantar en inglés, una elección que podría
haberlos dejado encerrados en un nicho todavía más chico, pero pasó lo
contrario. La banda empezó a llamar la atención afuera mucho más rápido de lo
que uno esperaría para un grupo uruguayo de estas características. En
plataformas de música, las cifras son bastante delirantes para una banda uruguaya
y alejada de cualquier circuito grande.
Y después está el detalle que termina de hacer que la historia parezca
inventada: Hangwire llegó a tocar en Portugal, participando de un festival
internacional dedicado al género. El diario El País directamente los
definió como una “rara avis” de la música uruguaya y como un fenómeno de
post-punk anglófono con miles de oyentes alrededor del mundo.
Un réquiem moderno. Ahora, con Eulogy for the Nameless, editado en marzo de este año por el sello canadiense Artoffact Records, la banda parece haber dejado atrás la etapa de promesa para empezar a consolidar una identidad propia.
Hay más músculo, seguridad y una
producción que mantiene ese clima oscuro sin quedarse atrapada en la nostalgia
ochentosa. Quizás lo más interesante de Hangwire sea eso: que en un país donde
hacer post-punk en inglés puede sonar, de entrada, como una idea bastante
improbable, lograron convertir justamente esa rareza en su carta de
presentación. Y mientras acá todavía alguno puede preguntarse “¿pero cómo
llegaron estos gurises a Portugal?”, afuera hay gente escuchándolos,
metiéndolos en playlists y siguiendo lo que hacen. Para una banda uruguaya, no
es poca cosa. Para una banda de post-punk uruguaya, es directamente bastante
insólito.
Eulogy for the Nameless es un disco que confirma que Hangwire no
estaba de paso. Hay una oscuridad que atraviesa todo el álbum, pero no impostada
ni en una colección de gestos góticos: está en los bajos que empujan las
canciones, en las guitarras que aparecen y desaparecen, en esas voces que
parecen cantar desde un lugar medio distante. El disco tiene momentos más
directos y otros más atmosféricos, pero nunca pierde el pulso. Se nota que la
banda entiende el lenguaje del post-punk y, al mismo tiempo, que no está
intentando reconstruir un disco de 1982 sino una colección finamente editada de
influencias que incluyen guiños a bandas locales precursoras en el género por
estas latitudes. Hay algo contemporáneo, incluso cuando las referencias son
evidentes, Eulogy for the Nameless suena a una banda que encontró su
lugar entre la melancolía, la tensión y las ganas de hacer canciones que puedan
salir de Uruguay y reptar bastante más lejos.






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