30.9.16

Fernando Peña, Gracias por volar conmigo

Rarezas del StreetView
Allá por 2007 Fernando Peña editó un libro biográfico plagado de anécdotas entre la diversión y reflexión. Si bien no suelo masticar libros biográficos este es uno que les recomiendo (tal vez todos los libros biográficos estén buenos y yo crea que este es una excepción, no me animaría a negarlo hasta no intentar leer varios) ya que está bien escrito (se adecúa a un canón de estilo, tiene una trama podríamos decir) y es, además de muy digestible, dinámico. Me tomé la libertad de digitalizarlo, Scribd me lo baneó por Copyrights (los invito a que visiten La Idioteca en Scribd) y se me ocurrió ponerlo en descarga libre por MF. Así que nada, si quieren lo descargan y le pegan una leída, yo lo recomiendo.

25.9.16

banach tarski emocional

La paradoja de Banach–Tarski es parte de la teoría geométrica de conjuntos y dice algo así como que dada una bola tridimensional, existe la posibilidad de descomponerla en un número finito de piezas, que pueden juntarse de nuevo siendo ensambladas de modo diferente para dar dos copias idénticas de la bola original. este proceso no requiere de ninguna magia, los cálculos desarrollados por los dos autores (banach & tarski, claro) explican (teóricamente, al menos) esta posiblidad. se llega a conclusiones tales como "un poroto puede ser desarmado para volver a ser armado con el tamaño del Sol", entrecomillado que tal vez resulte apenas exagerado, cuando menos. 
lo que trae a banach y a tarski a la idioteca no es tanto su paradójico teorema (muy romántico pero incomprensible para un lelo en matemáticas como yo) sino su aplicación emocional. el apego psicológico a otras personas, que forma parte de eso que muchos confunden con el concepto ilusorio conocido como "amor", responde frecuentemente a una lógica banach-tarskiana. podemos trozar nuestra magnitud inicial de apego para volver a ensamblarla en dos apegos del mismo tamaño, independientes uno de otro. lo complejo de la comprensión de un proceso paradójico es lo que genera el conflicto del ser que "ama" a dos personas (o más) al mismo tiempo. la psicología (por ponerle una palabra, asumo que el lector, Ud, me va a sobreentender) no entiende de leyes de atracción o no, los mecanismos que operan en nuestra forma de sentir seguramente no podamos comprenderlos ni nosotros mismos. y no es raro que nosotros no sepamos explicar cómo, porqué o de qué forma queremos lo que queremos (o lo que creemos querer), es harto razonable que no entendamos qué es lo que sentimos, del mismo modo que una serpiente es ciertamente incapaz de explicar como es que se las ingenia para reptar, de ese modo nosotros tampoco podemos comprender la lógica de lo que somos, nuestra naturaleza. 

21.9.16

Tradición y Renovación

En Tradición y renovación, Rodríguez Monegal desarrolla una tesis sobre la cultura literaria latinoamericana. Dicha tesis está bien explicitada en el propio título: existe una tradición de ruptura, renovación, en el ADN literario de sudamérica. Así, entonces, cada vanguardia es un ir atrás y adelante, una reverberación que constantemente trata de negar su pasado creando nuevas criaturas poéticas pero se encuentra con que su pasado es el haberse renovado, la constancia de ser inconstante.

Recuerdos traumáticos no conscientes

Los inicios de la Literatura latinoamericana se dan en los finales del S XIX y tienen, desde un comienzo la marcada intención desvinculante de la influencia que corrientes europeas podrían haber ejercido sobre una América Latina en plena efervescencia independentista. Esa negación del pasado parece haber actuado como un recuerdo traumático que subyace y lleva a las letras latinoamericanas a estar en constante evocación de dicho comportamiento. Una reminiscencia interna tan profunda y delicada como para actuar más sobre la estructura epistemológica de la creación que sobre un aspecto reflexivo; no se es consciente de que lo que se está haciendo es repetir una y otra vez el mismo bucle, “la misma revolución”. Casi condenado al constante cambio, Latinoamérica no cesa de renovar algo que ya podemos comenzar a cuestionarnos si es tan renovador como lo aparenta. Si obviamos el indefinible talento artístico y nos centramos en esta reflexión epistemológica sobre el arte podemos preguntarnos si cambiar implica una continuidad o un cambio, cuando lo único que parecemos estar haciendo es constantemente estar cambiando.
La imagen del trauma nos entrega apenas una faceta de la identidad literaria latinoamericana, la más íntimamente vinculada con Rubén Darío o José Martí, por ejemplo.

¿Evolución?

Ese mal gusto de poner una pregunta como subtítulo de algo, se debe a que realmente (al menos a mí, después de leer el ensayo de Emir) queda la duda, pendiendo sobre la pendiente, valga la aliteración, de si un género evoluciona cuando una de sus características más genéricas y recurrentes es aparentar revolucionarse una vez perimido cada ciclo. Cada generación muere y le deja lugar a una nueva que, sistemáticamente, niega la anterior y se autoproclama “nueva”, “moderna” y “revolucionaria”, entre apenas algunos de los adjetivos a usar. Esa novedad fresca y rebelde, en cuestión de calendario, apenas, dejará espacio a otra criatura literaria que tendrá un comportamiento similar, sino idéntico. Huella propia de la especie literaria latinoamericana, eso parece ser la idea de evolución que se tiene en la tradición de nuestras letras. Sin ser un biólogo me aventuro a suponer que no es muy evolutivo lo de repetir un mismo comportamiento una y otra vez según pasan las generaciones, sin embargo no podemos negar que hay cambios de contenido, de identidad, que se presentan en la superficie de cada vanguardia latinoamericana.
Esos cambios de identidad están, en tanto lógicos, sometidos a preceptos de la lógica elemental, como el Principio de Identidad, por ejemplo. Este principio indica que algo no puede “ser y no ser” al mismo tiempo, de lo que se desprende (para usar lenguaje reticulado de profesor de lógica...) que A es A en tanto no sea B o ninguna otra cosa. Del mismo modo, la lógica indica que si tenemos A también tenemos A (no A). Dice Emir Rodríguez Monegal que se trata de una “renovación casi ritual, de un proceso que podía calificarse de cuestionamiento de la herencia inmediata”.

Es un proceso fractal, autocontenido, porque cada vanguardia niega la anterior y contiene la génesis de la siguiente vanguardia, que la va a negar siendo evolución y revolución, al tiempo que significa el conservadurismo de siempre hacer lo mismo.
Lo de volver al pasado para dar génesis a lo nuevo tiene, sin querer creo, mucho de materialismo dialéctico, proceso acumulativo de sedimentación. Como ejemplo claro de esto podemos citar a Vicente Huidobro cuando, en El arte poética, nos invita a recitar:

“Porqué cantáis la rosa, ¡oh poetas!

Hacedla florecer en el poema;

Solo para nosotros

Viven todas las cosas bajo el sol

El Poeta es un pequeño Dios”

En este fragmento vemos como se niega una tradición, pero se lo hace con el detalle de escribirlo en romance lo cual nos invita a pensar cuál es la tradición que se critica. Del mismo modo, el hecho de no “cantar la rosa” sino “hacerla florecer en el poema” es un metatexto, un microensayo, la explicación de una estructura.

Esa unidad genealógica compuesta de una infinidad de piezas que en ningún caso habilitan eso de “la parte por el todo”, esa unidad es la literatura latinoamericana, un pastiche que históricamente ha devenido discutiendo en un soliloquio al que parece estar condenado dantescamente. Asimismo, cada vanguardia depende para su interpretación de ver qué estuvo antes. Gracias a ese diálogo interno, la intertextualidad asume un valor esencial y permite elaborar un tejido (en tanto texto) o si lo preferimos una rosa de múltiples pétalos. La poesía se pone metapoética, poesía sobre poesía: “cada lector es otro Poeta / cada poema es otro Poema” (Octavio Paz).

En 1954 Nicanor Parra edita Poemas y Antipoemas, donde se burló de Pablo Neruda y Gabriela Mistral; incluso va al extremo de la autocrítica editando luego una versión con la “Anti-Parra”, burlándose de sí mismo. Esta metapoesía coincide con un esfumamiento del género, que no desaparece, se esfuma pariendo obras cuyos géneros consisten en tener múltiples géneros. El Hacedor, de JL Borges es un ejemplo bastante evidente de este esfumamiento de los límites entre géneros literarios. Y he nombrado a El Hacedor, por nombrar apenas un texto, dado que seguramente toda la obra de Borges esté incluida en ese esfumamiento del género, lo cual lo hace algo así como una condensación de la cosa misma que es la literatura latinoamericana.

El cruce de Géneros agota como forma de expresión y, tras la poesía concreta como experimento, Rodríguez Monegal entiende que “el libro, como objeto, como máquina de leer, sólo ofrece una de las posibilidades de creación literaria”.
También, aparte del carácter fractal que se mencionaba, asistimos a la sustantivación de la literatura, la Liteturnost, Literaturidad, en este caso latinoamericana.


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