Mark Fisher y los fantasmas del futuro repetitivo
Durante los últimos años se volvió habitual hablar de agotamiento, ansiedad, precarización, algoritmos, nostalgia y de esa sensación difusa de que el futuro dejó de ser una promesa para convertirse en un bucle del presente. Mucho antes de que ese vocabulario se instalara en el debate público, Mark Fisher había puesto en palabras ese clima de época. Filósofo, crítico cultural y profesor británico, fue uno de los pensadores que mejor explicó cómo el capitalismo contemporáneo no solo organiza la economía, sino también nuestras emociones, expectativas y eso tan difuso que llamamos “sentido común”.
Fisher fue un cartógrafo del
malestar que reunió teoría marxista, música pop, cine, internet, salud mental,
burocracia neoliberal y cultura de masas para demostrar que todos esos
fenómenos obedecían a una misma lógica. Sus libros no analizan objetos
culturales sino que descomponen el aire que respiramos.
En Capitalist Realism, un
ensayo breve y contundente, formuló una de las ideas más citadas de las últimas
décadas: el capitalismo dejó de sentirse como un sistema entre otros para
convertirse en el único horizonte imaginable. La frase de que "es más fácil imaginar el fin del mundo
que el fin del capitalismo" fue repetida hasta aparecer en muros de
Facebook; amenazando con perder su filo. Fisher se horrorizó al ver universidades
administradas como empresas, trabajadores convertidos en emprendedores de sí
mismos, vínculos precarizados y una sociedad incapaz de inventar futuros,
condenada a un uróboros cultural.
Esa misma lógica atravesó su
lectura de la depresión, enfermedad con la que convivió durante años y que lo
llevó a rechazar la idea de pensar el sufrimiento psíquico únicamente como un
problema individual. Sin negar su dimensión clínica, Fisher sostenía que una
sociedad capaz de generar millones de personas exhaustas, ansiosas o deprimidas
no podía desentenderse de su propia responsabilidad. En su teoría, la
enfermedad mental dejaba de ser una anomalía para convertirse en uno de los
productos más eficaces del sistema que la diagnosticaba y administraba.
Su concepto de
"hauntología", desarrollado en Ghosts
of My Life a partir de Jacques Derrida, terminó de cerrar ese
diagnóstico: vivimos rodeados por los fantasmas de futuros que nunca
ocurrieron. Quizá por eso Fisher sigue siendo un autor tan vigente. No porque
haya predicho el presente, sino porque aprendió a describir el tejido invisible
de una época que todavía habitamos.






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