10.4.16

Acoples

Se puede decir que desconozco este sitio. Si bien paro acá seguido, cada día prácticamente, en este instante la sensación de ausencia es tal que podemos denominarla como otredad. No puedo evitar sentirme como el silencio puede hacerlo. Pero un silencio en perspectiva, algo que siempre estuvo y recién hoy vi (?). Desprendo un trozo de ausencia que resopla sobre las uñas desparramadas en el mar en forma de rocas, salpicadas por la orilla, sobrando tras la marea que todo lo erosiona, como la memoria misma. Extraigo la parte de ausencia y éter malforme, los vidrios del vaso roto, el eco y la sombra, la proyección de algo (¿qué mierda es un vacío sino, después de todo?), analizo el trozo de algo ausente, lo palpo y degusto mientras lo manipulo con delicadeza, como el vacío debe ser manipulado, lo huelo y jugueteo con él, experimento para luego lanzarlo al mar, que en realidad es un río, su desembocadura. El coso sin nombre, imbricado con el aire a punto tal de ser una sola cosa, no tiene forma ni tamaño y se cae, cae y luego vuelve a mis manos, pero no me lo compares con un boomerang, esto es algo más sofisticado. Para empezar por el hecho de que cayó sin caer, cató porque yo lo dije, solamente por eso, y volvió también porque yo lo dije. Y nunca salió de mis manos, en las que tampoco estuvo ni dejó de estar, hablamos de ausencia, veleidad rampante de nombrar algo que no podemos entender o mensurar, algo que no está pero está: es nombrado. Ausencia de qué, bueno, bien, veamos, el infinito cabe en esta ausencia. Ya sabés… cualquier cosa comparada con el infinito por enorme que sea es diminuta, insignificante, porque el infinito es eso, el gesto de tu maxilar superior al sonreír porque viste a tu amiga asustarse, el infinito, la ausencia y el pseudo poetrastro cursi: todos entramos ahí, en ese gesto ¿y cómo te las arreglás para hacerlo de todos modos a pesar de que guardás todo eso y más (porque el infinito lo incluye a eso pero incluye más cosas…)? bueno, te las ingenias porque no lo sabés, al igual que este fragmento de ausencia que cae sin caer, yo a vos sólo sé nombrarte. comienzo a intuír que la ausencia tiene mucho de vos, de tu voz, hay que jugar con las palabras, escribir es eso, un juego, como limpiar un arma, se te puede escapar un tiro o la podés dejar como un espejo en el que verte, o las dos cosas, o ninguna, o podés tomar mate toda la tarde o perder el tiempo para validar que existía un poco, vos no, me refiero a algo general, se escribe para morir en ese momento y nacer al terminar, casi como vos al leer esta masa informe de palabras que no tengo puta idea adónde van. Te proyectás y permanecés, como la ausencia siempre retumbaste, una vuelta, un eco, una transitoriedad que se sucede. A la otra punta, en una línea constante en la que lo único estable es la inestabilidad insensata que me profana la soledad y es ausencia inminenete. Estuviste siempre, yo sólo debía saberlo, como vos y tu gesto, como esa canción hermosa que te va a dejar de rodillas ante tus sentidosm esa música que hasta jurás poder oler, desborde del sentido, paroxismo sinestésico, tu voz, de nuevo el poeta cursi me traiciona.

Un ahora que es antes transcurrido y después no narrado. Una semántica panteísta metida en un párpadeo precio a dormir, en tu último parpadeo de ayer, o de hoy, quién sabe qué son los días, qué línea divisoria más estúpida. Mi agenda no divide en días, divide sensaciones, fraudes de mi piel y visceras, llanto, lo único realmente genuino, la barra de hielo en mi frente derritiéndose. A todo esto mis pies siguen enterrados en esta árena, e insisto con que todo esto se siente diferente, ausente, impropio.

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