ILUMINACIÓN S.A.


El negocio del bienestar y la espiritualidad de catálogo. El curro del “despertar” que le roba millones a gente rota vendiendo humo en cómodas cuotas.
En algún momento, el bienestar dejó de ser una búsqueda y se convirtió en una suscripción mensual. La industria global del wellness falopa factura (en negro) unos 5 billones de dólares por año, según estimaciones de consultorías especializadas. Es más que el PIB de Japón... Promete equilibrio, sanación, abundancia y “alta vibración”. 

Ansiedad envuelta en lino beige

El capitalismo aprendió a hablar el lenguaje del alma. El viejo “sé tú mismo” del hippismo mutó en “monetizá tu energía”. El sistema ya no teme a la espiritualidad: la tercerizó y la empaquetó. 
En los años 70, el New Age soñaba con romper el orden materialista. Medio siglo después, es parte del decorado del algoritmo. De Alan Watts a Deepak Chopra, de Osho a las coaches de Instagram: cada era tiene sus profetas y sus tarifas.
Jeremy Carrette y Richard King lo advirtieron hace 20 años en su libro Selling Spirituality“El mercado ha privatizado lo sagrado”. La iluminación se volvió un producto premium, con packaging minimalista y entrega express.
La meditación dejó de ser una práctica y pasó a ser una app. La atención plena se vende por suscripción anual. La psicóloga Arlie Hochschild lo definió hace décadas: “la mercantilización del sentimiento”. Ya no compramos objetos: compramos estados emocionales. Ronald Purser lo llama McMindfulness: una espiritualidad sin conflicto, sin política, sin dolor. 
“El mindfulness se volvió una herramienta para aceptar la injusticia sin protestar”
Traducción libre: calmate y dame tu dinero.
El discurso del wellness responsabiliza al individuo. Si estás triste, es tu vibración.
Si te va mal, no estás alineado. El sufrimiento ya no es social: es un error energético. Si aprendés a manifestar abundancia todo en tu vida va a sanar.
Detrás de esa retórica hay una lógica neoliberal: cada uno es su propio gurú, su propia empresa, su propio fracaso. Vean el nivel de delirio que maneja este nene con acné:

Ejemplos sobran

Suplementos milagrosos sin evidencia científica. 
Mentoras del alma que recomiendan dejar la medicación.
"Productos" que vende el esquema piramidal NVisionU
Caros retiros de desconexión auspiciados por gurúes de Instagram... La calma se volvió un nicho de mercado. Mark Fisher escribió en Capitalist Realism que “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, hoy podríamos agregar que “es más fácil imaginar tu chakra alineado que una sociedad justa”. 
El problema no es meditar ni buscar paz. El problema es creer que todo se puede comprar. El capitalismo espiritual no promete cambiar el mundo, promete que no te duela vivir en él, y por eso funciona. 
El curro del wellness es la industria sin chimenea que está reciclando a la mayoría de los piramideros, ahora que ya nadie se cree que te hacés rico llevando amigos a "una empresa" no registrada en ninguna parte. El capitalismo espiritual es una estafa más.

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