Sangría de yeguas

Hablemos de las “sangrías de yeguas”, un procedimiento de extracción masiva de sangre a yeguas preñadas para obtener una hormona usada en la cría de otros animales, es asqueroso.

No es necesario ser vegano para horrorizarse 

Esta práctica está prohibida en casi todo el mundo menos en el Río de la Plata. Se busca la PMSG / eCG (gonadotropina coriónica equina), una hormona usada para sincronizar celos y aumentar la fertilidad en cerdos, ovinos y bovinos.
No se trata de un “artesanado” sino de una cadena industrial, con grandes granjas de sangre -así se les llama— que mantienen miles de yeguas constantemente gestando para que su sangre procesada extraer la hormona y venderla. 

¿Para qué sirve la hormona? 

El PMSG/eCG tiene actividad en la producción animal industrial y se emplea para inducir o sincronizar celos y obtener una mayor eficiencia reproductiva (más partos sincronizados, inseminaciones programadas, etc.). 
La hormona es demandada por la industria farmacoveterinaria en Europa y otras regiones. Aunque parte de la producción termina en fórmulas y productos intermedios, su valor por kilo es elevado. Dejo informe de En la Mira, con imágenes sensibles.
Testimonios e investigaciones muestran procedimientos traumáticos: extracción repetida de litros de sangre (varios por sesión, repetido semanalmente durante meses), inmovilización de yeguas, condiciones deficientes e interrupción deliberada de preñeces.
No hay balances públicos consolidados que permitan afirmar con exactitud cuántos millones mueve la actividad en cada país. Sabemos que el PMSG tiene alto valor por unidad y que hay demanda sostenida en ganadería intensiva.
ONGs y reportes periodísticos hablan de decenas o cientos de millones de dólares a escala regional para el mercado derivado (no siempre cifra directa a “sangría” sino al sector que depende del insumo). Eso sugiere ingresos significativos.
El negocio combina demanda técnica (no hay sustituto perfecto y la hormona funciona), con márgenes altos por el precio del principio activo, y marcos regulatorios locales permisivos o poco fiscalizados.
Además, la opacidad de la cadena y la dispersión de compradores (fabricantes de vacunas/veterinaria y granjas industriales) dificultan sanciones rápidas.
Informes alertan sobre consecuencias sanitarias (anemia, infecciones, abortos espontáneos) y de bienestar (estrés, inmovilización, manejo inadecuado). Veterinarios y asociaciones de ética recomiendan restricciones o estándares mucho más rigurosos si la actividad no se prohíbe.
¿Quién compra y por qué no se reemplaza? Los compradores (laboratorios y cadenas de reproductores) se defienden diciendo que es una herramienta para la fecundación sincronizada y las alternativas sintéticas no igualan la eficiencia. Y sí, es natural, amigo, eso es lo grave...
Organizaciones de bienestar animal europeas han puesto el tema en agenda con campañas, documentales y cartas públicas, generando algo de presión mediática. Los europeos como siempre te la dibujan toda y no se ensucian las manos.
Los límites éticos de la “optimización reproductiva” en ganadería industrial parecen dependen de dónde está armada la carnicería en busca del oro rojo.
En Canelones hace poco se aprobó un decreto que declara “Canelones libre de sangría de yeguas” bajo el número 429-24.
En Tacuarembó la Junta Departamental sancionó por unanimidad el decreto D. 23/2024 que prohíbe la extracción de sangre de yeguas para obtener eCG.
En Maldonado se aprobó un decreto que también prohíbe la práctica y en Paysandú todavía se presiona y trabaja para una legislación similar.
La sangría de yeguas es un negocio grande y rentable para quienes participan de la cadena pero se sostiene en métodos de tortura animal, es hora de meter presión, no puede valer todo.

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