25.5.16

Políticamente Correctos

Vamos a tener que fingirlo todo, señores. A ese mundo vamos, a un mundo de cartón en el que puertas adentro más o menos decimos cada tanto lo que de verdad pensamos, pero luego, cuado salimos al ruedo somos complacientes con el resto y decimos lo que creemos que quieren oír. Y lo decimos nosotros y lo dicen ellos, porque también opera coercitivamente sobre ellos la corrección política: ellos también creen decir lo que yo quiero oír.
Es así que nos vamos a madrugar con un mundo como este que tenemos, donde palabras (colecciones de sonidos asociados a una huella mental, pero vacías en su entelequia, en su más íntimo no-ser) que con sólo ser pronunciadas son motivo de reprobación zoocial, de miradas suspicaces y comentarios por lo bajo. Vivimos en un mundo en el que decir judío, negro, puto o miles de cosas más es de por sí aparentemente un insulto para alguien. Ahora resulta que si decís "ahí, al lado del negro" estás discriminando al tipo que digas lo que digas va a ser siendo negro. Discriminación es otra cosa, hombre. Hemos cruzado el límite de lo literal y ahora cualquier cosa que pueda ser entendida como insulto parece serlo. Hay cosas que se sobrentienden, y el lenguaje tiene de eso, también. Esta moda de sociólogos y nenes de apartamento de ver discriminación y sexismo en todo va a terminar por aniquilar nuestras mentes. No todo lo que se dice es dicho con intenciones ni trasfondos discriminatorios. Es obvio que la discriminación a todos esos colectivos hoy sobreprotegidos al punto de la hipersensibilidad de padre primerizo psicópata es algo objetivo y existe, pero no es ni obvio ni real que todos estemos infectados de ese tipo de prácticas. A veces le decimos puto a un puto simplemente porque es parte de lo que es: un puto.

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