Chernóbil, hongos y melanina: cuando la radiación se convierte en energía

 



Cuando escuchamos “Chernóbil”, pensamos en desastre, abandono y radiación mortal. Pero en ese mismo escenario apareció algo que parece salido de una novela de ciencia ficción: hongos que crecen gracias a la radiación gamma. Sí, leíste bien. No solo la resisten: la usan. 

¿El secreto? La melanina

La melanina es un pigmento que todos conocemos: da color a la piel, al pelo y hasta a los ojos. Pero en los hongos de Chernóbil tiene un papel inesperado.
Los investigadores descubrieron que, al recibir radiación, la melanina de estos organismos cambia su estructura electrónica. Ese cambio les permite hacer cosas increíbles:
  • Conducir electricidad como si fueran un semiconductor natural (Dadachova et al., PLoS ONE, 2007).
  • Protegerse del daño neutralizando radicales libres.
  • Transformar radiación en energía química, casi como una fotosíntesis oscura.
  • Fortalecerse en lugar de degradarse, algo rarísimo en materiales biológicos.
En otras palabras: lo que para nosotros es veneno, para estos hongos es alimento.

¿Y para qué sirve estudiar esto?

No se trata de ciencia ficción ni de buscar superpoderes, pero sí de ideas que ya se están explorando:
  • Viajes espaciales: recubrimientos a base de melanina podrían proteger a astronautas de la radiación cósmica (Shunk et al., Frontiers in Microbiology, 2020).
  • Limpieza de ambientes contaminados: hongos que literalmente “se nutren” de radiación.
  • Medicina: usar melanina sintética como escudo celular contra la radioterapia.
  • Nuevos materiales: bioplásticos o componentes electrónicos que conduzcan electricidad y sean biodegradables.

La lección de fondo

La historia de los hongos de Chernóbil es un recordatorio de lo adaptable que puede ser la vida. En un lugar donde la radiación expulsó a los humanos, un pigmento cotidiano —la melanina— encontró la manera de darle energía a organismos que nadie esperaba ver prosperar.
No es magia, es biología. Pero de esas que parecen cuentos, y que nos obligan a mirar con otros ojos a algo tan simple como el color negro de un hongo.

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