El franquismo y sus ecos en el Río de la Plata
Vamos a hablar sobre una dictadura que duró más de 35 años, vamos a conocer a su déspota de turno y si tuvo alguna ramificación por estas latitudes que ustedes deban conocer: hablaremos del franquismo
Los símbolos de esa cultura asesinada siguen latiendo hasta hoy en memorias como la de Federico García Lorca, fusilado por ser homosexual en 1936. Según algunas fuentes, el falangista que lo ejecutó dijo "Le he metido dos tiros en el culo, por maricón".
No fue el único símbolo de resistencia. Las Trece Rosas, por ej, fueron 13 jóvenes españolas, en su mayoría militantes del PSOE y las JSU, ejecutadas por fusilamiento en 1939 tras la Guerra Civil, acusadas de apoyar la resistencia republicana.
La corrupción acompañó a la violencia. Funcionarios y empresarios aliados del régimen amasaron fortunas con contratos, expropiaciones y favores. El propio Franco se quedó con propiedades como el Pazo de Meirás, un choreo disfrazado: Franco lo pagó con “donaciones de vecinos” obtenidas a la fuerza.
Otro hecho de corrupción se dio cuando, en plena Segunda Guerra Mundial, España fue cortejada por Hitler para sumarse a las potencias del eje. Churchill temía que España apoye al Eje porque no quería perder control del Estrecho de Gibraltar, del que ya hubo hilo
Así fue como en 1940, Gran Bretaña sobornó a generales españoles (entre ellos Nicolás Franco, hermano del dictador) para reforzar el bloque neutral. Esa operación del MI6 ayudó a mantener a España fuera del conflicto. La dictadura de Franco atravesó períodos con mayor avance económico que otros, pero se fue apagando conforme se acercaba la muerte del tirano. En 1975 Franco murió, tras una larga agonía. Durante sus últimos meses varias veces se dijo que el dictador había muerto y que el Gobierno lo ocultaba pero la realidad es que no existen datos que nos permitan asegurar que eso efectivamente sucedió. Tras su muerte, Franco fue enterrado en el Valle de los Caídos, un lugar construido con trabajo forzado de presos políticos. Su agonía no fue un misterio, sino un espectáculo montado al milímetro.
Franco llegó a presentar a Perón como “aliado espiritual” contra el comunismo y el mundo anglosajón, dándole honores y reconocimientos de España. Además, no hay que olvidar que tras ser derrocado en 1955, Perón se exilió en España, donde Franco le permitió residir con relativa libertad y seguridad.
Se hablaba entonces del “Eje Hispano-argentino”: pan y acero, pero también símbolos y liderazgos. Perón veía en España un puente cultural con Europa; Franco veía en la Argentina su tabla de salvación internacional.
En Uruguay, el eco llegó por otras vías. Según LR21 (2022), Luis Alberto Lacalle Herrera adhirió en su juventud al franquismo. Tras la citada muerte del dictador fue a la embajada española en Montevideo, donde se lo fotografió saludado con el brazo en alto y entonado emocionado el himno falangista.
En su libro, Trasfoguero (1963), Lacalle se refirió a Franco como “el Caudillo” y no escatima en elogios hacia su figura. El de Lacalle no es el único punto de Uruguay que conecta con el franquismo. También podemos recordar que, ya en los años 30 y 40, existieron en Montevideo agrupaciones falangistas ligadas a la FET y de las JONS, auspiciadas por la comunidad española local y la Cámara Española de Comercio.
A Luis Alberto de Herrera se lo acusó durante toda su vida política de ser falangista y simpatizar con fascistas, incluso su sector partidario era sospechoso de tener vínculos con fascistas argentinos.
Estas filiales incluso tenían Sección Femenina y un movimiento infantil que enviaba cartas y ayuda a niños españoles durante la guerra. No eran grupos armados, pero sí culturales y propagandísticos. Fueron prohibidos en 1940 por la Ley de Asociaciones Ilícitas. Pero Uruguay también fue escenario del otro lado: comités de ayuda a la República española organizaron colectas, recitales y campañas solidarias. Mientras el gobierno de Terra reconocía al franquismo en 1936, la sociedad civil uruguaya mostraba resistencia activa.
En resumen: el franquismo en Uruguay no fue solo un recuerdo de Lacalle Herrera. Hubo simpatizantes, estructuras culturales falangistas y propagandistas activos, pero también una contracara de solidaridad con la República, que dejó su propia huella en la memoria política uruguaya.
Así, los fantasmas de aquella España oscura atravesaron el Atlántico: de la hambruna que Perón alivió con barcos de trigo, a la adhesión juvenil de un expresidente uruguayo. El franquismo no fue solo un fenómeno ibérico, sino también un espejo incómodo en nuestras propias historias políticas.
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Context
España proclamó la Segunda República en 1931, después de la dictadura de Primo de Rivera, que al caer se llevó puesto el reinado de Alfonso XIII.
La Segunda República Española (1931-1939) buscó modernizar el país, pero cayó en un marco de extrema polarización política cuando el socialismo alcanzó el poder, la crisis social y el golpe militar de 1936 colaboraron para que se desate una Guerra Civil. Dicha Guerra fue más bien un golpe militar de ultraderecha contra la Segunda República, y dividió España en dos. Tres años de sangre y fuego que dejaron huellas mucho más largas que las trincheras.
En 1939, Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde, Franco para los amigos, entró triunfante en Madrid asumiendo de facto todos los poderes: jefe del Estado, Generalísimo del Ejército y líder de un partido único, la Falange.
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La Segunda República Española (1931-1939) buscó modernizar el país, pero cayó en un marco de extrema polarización política cuando el socialismo alcanzó el poder, la crisis social y el golpe militar de 1936 colaboraron para que se desate una Guerra Civil. Dicha Guerra fue más bien un golpe militar de ultraderecha contra la Segunda República, y dividió España en dos. Tres años de sangre y fuego que dejaron huellas mucho más largas que las trincheras.
En 1939, Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde, Franco para los amigos, entró triunfante en Madrid asumiendo de facto todos los poderes: jefe del Estado, Generalísimo del Ejército y líder de un partido único, la Falange.
El Holocausto Español
La represión fue inmediata, libros como El Holocausto Español, de Paul Preston, cifran entre 100 mil y 200 mil las personas que fueron ejecutadas o desaparecidas durante esa primer etapa de transición/represión.![]() |
No fue el único símbolo de resistencia. Las Trece Rosas, por ej, fueron 13 jóvenes españolas, en su mayoría militantes del PSOE y las JSU, ejecutadas por fusilamiento en 1939 tras la Guerra Civil, acusadas de apoyar la resistencia republicana.
La corrupción acompañó a la violencia. Funcionarios y empresarios aliados del régimen amasaron fortunas con contratos, expropiaciones y favores. El propio Franco se quedó con propiedades como el Pazo de Meirás, un choreo disfrazado: Franco lo pagó con “donaciones de vecinos” obtenidas a la fuerza.
Otro hecho de corrupción se dio cuando, en plena Segunda Guerra Mundial, España fue cortejada por Hitler para sumarse a las potencias del eje. Churchill temía que España apoye al Eje porque no quería perder control del Estrecho de Gibraltar, del que ya hubo hilo
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Franquismo a la uruguaya
En el Río de la Plata, el franquismo también dejó huellas. Apenas terminada la guerra mundial, Argentina y España sellaron un pacto de amistad: Perón envió cientos de miles de toneladas de trigo, maíz y carne para aliviar la hambruna de los españoles![]() |
Se hablaba entonces del “Eje Hispano-argentino”: pan y acero, pero también símbolos y liderazgos. Perón veía en España un puente cultural con Europa; Franco veía en la Argentina su tabla de salvación internacional.
En Uruguay, el eco llegó por otras vías. Según LR21 (2022), Luis Alberto Lacalle Herrera adhirió en su juventud al franquismo. Tras la citada muerte del dictador fue a la embajada española en Montevideo, donde se lo fotografió saludado con el brazo en alto y entonado emocionado el himno falangista.
En su libro, Trasfoguero (1963), Lacalle se refirió a Franco como “el Caudillo” y no escatima en elogios hacia su figura. El de Lacalle no es el único punto de Uruguay que conecta con el franquismo. También podemos recordar que, ya en los años 30 y 40, existieron en Montevideo agrupaciones falangistas ligadas a la FET y de las JONS, auspiciadas por la comunidad española local y la Cámara Española de Comercio.
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Estas filiales incluso tenían Sección Femenina y un movimiento infantil que enviaba cartas y ayuda a niños españoles durante la guerra. No eran grupos armados, pero sí culturales y propagandísticos. Fueron prohibidos en 1940 por la Ley de Asociaciones Ilícitas. Pero Uruguay también fue escenario del otro lado: comités de ayuda a la República española organizaron colectas, recitales y campañas solidarias. Mientras el gobierno de Terra reconocía al franquismo en 1936, la sociedad civil uruguaya mostraba resistencia activa.
En resumen: el franquismo en Uruguay no fue solo un recuerdo de Lacalle Herrera. Hubo simpatizantes, estructuras culturales falangistas y propagandistas activos, pero también una contracara de solidaridad con la República, que dejó su propia huella en la memoria política uruguaya.
Así, los fantasmas de aquella España oscura atravesaron el Atlántico: de la hambruna que Perón alivió con barcos de trigo, a la adhesión juvenil de un expresidente uruguayo. El franquismo no fue solo un fenómeno ibérico, sino también un espejo incómodo en nuestras propias historias políticas.











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