What Animals Teach Us about Politics, de Brian Massumi
Este ensayo breve —apenas unas 150 páginas publicadas originalmente en 2014 por Duke University Press— se aventura en un terreno poco frecuentado: pensar la política no desde el humano mirando a los animales, sino desde la animalidad misma como condición compartida.
Animal político
Se exploran dinámicas del reino animal que ofrecen una base inesperada para pensar la organización social humana. Si bien por momentos pone la poesía al servicio de la filosofía —y otras veces ocurre al revés—, el libro ensaya una hipótesis provocadora: que la política no nace con la cultura, ni con el contrato social, ni siquiera con el lenguaje. La política, sugiere Massumi, ya estaba ahí, latiendo en el juego, la cooperación, el conflicto y la simpatía que recorren el mundo animal mucho antes de que apareciera la palabra “política”.A lo largo del texto, el filósofo —canadiense de adopción y figura central de la teoría del afecto— propone algo más radical que una simple analogía entre animales y humanos. Su objetivo es pensar una política animal integral, no una “política humana sobre los animales”. Para eso recurre tanto a la etología como a la filosofía: de los estudios sobre comportamiento animal a pensadores como Henri Bergson, Gregory Bateson o Alfred North Whitehead, todos convocados para desarmar la vieja idea de que el ser humano ocupa una excepción absoluta dentro de la naturaleza.
Homo Ludens
Massumi se detiene especialmente en el juego. Para él, el juego animal no es una frivolidad biológica ni un entrenamiento para la violencia adulta: es un espacio donde se experimentan relaciones, se ensayan jerarquías, se prueban límites y se generan formas de cooperación. En ese gesto aparentemente inútil —un cachorro que muerde sin morder, un grupo que corre sin perseguir nada— aparece un laboratorio político en miniatura. Un territorio donde se ponen a prueba las fuerzas que luego organizan lo colectivo.Por eso el libro insiste en desplazar la mirada: del individuo racional al cuerpo que siente, del cálculo a la intensidad, del contrato al afecto. Lo político, en Massumi, no es primero una institución sino una circulación de energías entre cuerpos —humanos o no— que se atraen, se desafían, se imitan o se evitan.
Así, lo que comienza como un ensayo sobre animales termina funcionando como un espejo incómodo. Bajo la superficie civilizada de la vida humana aparecen rastros de una continuidad más antigua: un campo de fuerzas donde poder, cooperación, batalla y libertad se parecen demasiado a lo que ocurre en una manada, una bandada o una colonia.
El resultado es un libro extraño y estimulante, escrito en ese punto donde la teoría roza la literatura. Un texto que por momentos parece seguir el consejo que el propio Massumi formula en uno de sus capítulos: escribir “como una rata sacude la cola”, con un movimiento nervioso, intuitivo, lleno de señales que apenas alcanzamos a descifrar.
No hace falta ser vegano ni militante del animalismo para disfrutar esta reedición de Cactus —editorial que viene armando un catálogo filosófico tan singular como consistente—. Basta con aceptar la invitación del autor: abandonar por un rato la cómoda ficción de que somos radicalmente distintos del resto de los animales. Porque, después de todo, tal vez la política no sea más que otra forma sofisticada de vida salvaje.



Comentarios