en tiempo real

mi cabeza iba a mil pero con temas que nada tenían que ver con esa reunión. una entre tantas, decenas, centenas de ellas... a veces, de masoquista que soy nomás, pienso cuántas horas de vida le "dedico" a esas reuniones en las que no hago sino gestos insulsos, burlas rampantes, muecas entreveradas y con suerte dos o tres comentarios por lo general cargados de cinismo malicioso, ponzoña o doble sentido que finjo no usar. estupideces que digo para que alguien tan miserable como para darse por aludido por un comentario mío se tome la molestia de hacerme saber que existo.
que bueno, que a mí me gusta ser causa y consecuencia, oruga y mariposa, roca y arena y todas esas cosas concatenadas que a uno se le pueden ocurrir. en tanto me gusta eso no puedo seguir el hilo de una conversación que no me allana absolutamente nada.
cuestión, realmente me rompe soberanamente las bolas asistir a esas reuniones del orto a la que no puedo faltar pero indefectiblemente llego tan tarde como demoran los puchos en consumirse sin ser fumados mientras los miro envejecer. lo que más me molesta de esos aquelarres es que están llenitos de hipocresía y sí de algo sabe la hipocresía es de ser completamente innecesaria, condición suprema del vicio de ser un fantasma.
nada, voy y no hablo. total, si hablara no me oirían. no quieren oírme en realidad. a veces los miro, abro la boca, levanto un dedo, cuando parece que voy a decir algo digo alguna historia del tipo "nada, nada, nada, hagan de cuenta que no dije nada", y todo eso lo hago para enfatizar mi papel intrascendente en ese lugar. realmente soy bueno no diciendo una mierda. de hecho, mejores tipos que yo han dicho mejores cosas que yo en mejores lugares que este y no han sido oídos por personas aún más imbéciles que mis interlocutores.
entonces saco una de mis libretitas y comienzo a redactar el post que capaz que estás terminando de leer.

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