20.11.11

El canicidio como emergente social


niños aburridos dedican un rato de ocio a darle con un palo a un perro faldero que les mueve la cola y ni siquiera se defiende.
Lo torturan hasta matarlo y lo filman (una niña lo hace) como una gracia.

los medios reproducen la noticia hasta el aburrimiento y esa cosa rara que denominan “redes sociales” sube una y otra vez la misma noticia, para que todos podamos indignarnos y decir "no pude terminar de ver el vídeo".

Conozco personas que "no pudieron terminar de ver el vídeo" cerca de unas 30 veces, lo ponían, se indignaban, no podían terminar de verlo y lo sacaban.

La sola descripción del vídeo debiera alcanzar para no estar feliz con la situación pero la videosociedad necesita ver un vídeo, como cuando unos milicos mal dormidos manoseaban al "joven haitiano" (ningún medio tuvo la delicadeza de decirnos su nombre, así que nunca dejó de ser más que un morocho anónimo), como cuando tres o cuatro niños hicieron una copia muy barata de un vídeo de anonymous y todos los medios entraron como caballos. La videocracia justifica todo en la presencia de un vídeo, cualquier relato de un linchamiento animal no sólo nunca llegaría a un medio masivo de comunicación, sino que apenas generaría una tibia disconformidad en quienes lo escuchen.
Tenemos Zoo (si es que se le puede llamar así), tenemos temporadas de caza de animales más indefensos aún que un perro faldero, tenemos circos brasileros a los que les festejamos el truquito cuando logran que una bestia salvaje como un león se comporte antinaturalmente y prácticamente le sirva el café a su domador.
Nada de eso sin embargo es presentado con informes de 40 minutos en noticieros, nada de eso genera que haya gente opinando que hay que linchar y colgar de las pelotas a los cazadores, (des)"cuidadores" del Zoo o domadores.
Pero la gente quiere indignarse, la gente parece querer justificar un caudal de odio acumulado, que debe rebasarse y ser derramado sobre cualquier pendejo descerebrado (o enfermo de leucemia, como en este caso) que haga cualquier cosa condenable.

Es entonces que Youtube baja el vídeo por exceso de violencia pero algún preocupado usuario con conciencia social tiene la buena idea de volver a subirlo, porque estas cosas deben ser difundidas, qué suerte tenemos de que haya gente preocupada y responsable, encargada de hipermasificar los crímenes más conocidos y sádicos del momento. Qué sería de nosotros sin ellos, sin su esencial tarea educativa que nos muestra las miserias del mundo.

Es maravillosa y al mismo tiempo aberrante la (dis)capacidad de la sociedad uruguaya (por lo menos la uruguaya, capaz que es patrimonio de toda la humanidad, pero apenas puedo nombrar el país que habito), es una sociedad parecida a una especie de profesional padre de hijos no reconocidos.
Entender a dos gurises acribillando un animal completamente indefenso a palazos y regodeándose en eso no puede ser ajenizado del contexto social como para horrorizarse sin sentarse a pensar un rato. Se hace complicado entender porque la sociedad, encabezada por los siempre demagogos e hipócritas medios masivos de comunicación, se considera alejada de la violencia gratuita de quienes masacran a un animal. Nadie lo entiende como un emergente que tarde o temprano iba a suceder, o peor aún, nadie lo entiende como algo que sucede constantemente. Nadie se imagina que este solamente es un vídeo de algo que sucede por todas partes, nadie se anima a determinar que estas cosas suceden porque los adolescentes son educados en un contexto de violencia desmedida.
Canal 4 hace 10 o 12 informes con vecinos septuagenarios aterrados reclamando la horca para los dos infanto-canicidas y luego al terminar el noticiero trasmite en horario central una telenovela cuyo argumento se basa en la “vida” de un cartel de narcotráficantes. La paradoja es la punta del ovillo de un canal miserable dedicado a insultar conteudalmente al cerebro.
Estos chicos no son otra cosa que el resultado de nuestra sociedad, y no tendríamos por qué sentirnos ajenos a ellos, el hecho de que no masacremos perros en nuestros ratos de ocio no nos convierte en mucho más civilizados que estos dos pibes. Y ni hablemos del reclamo de tortura, castigo y condena para los asesinos, si tan pacifistas, humanos y razonables somos, no deberíamos estar reclamando semejante castigo.
No vivimos en una sociedad pacífica, no somos abiertos, no somos generosos, no somos solidarios, si nos conocemos entre todos es porque conocemos alguna cosa patética que todos han hecho, no somos tolerantes ni comprensivos. Tampoco somos la Suiza de América (y no es culpa de “menores infractores”) ni “el país más educado de América”, nuestro hijo no es el do´tor y nuestros niños crecen entreverados, buscando la breve e innecesaria gloria mediática que los convierte en el chiste del liceo. Todos quieren ser gran hermano, en especial por eso no tener nada que decir ni mostrar a nadie, pero querer ser quien dice y muestra algo, aunque eso sea un perro martirizado.

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