6.4.12

Dios se lleva a los que son mejores

Teoría del mundo justo: Tendencia prejuiciosa y subjetiva a percibir que el mundo es justo y por consiguiente las personas reciben lo que merecen. Esta tendencia también se percibe con frecuencia en las religiones, y en formas de vida que no necesariamente son religiones, como en el caso del budismo (presencia latente del Karma).

Cuando no es la religión la que pone todo en su sitio, es la “justicia” (especie de cosa etérea que nadie tocó nunca pero todos nombran y en nombre de la cual se han hecho cualquier cantidad de aberraciones) la que nos reina con su indominio totalitario, es el tiempo “que pone a cada uno en su lugar”. El tiempo (si partimos de la base de creer que es uno sólo y que existe sólo porque se nos ocurrió contabilizarlo numéricamente) hace más probable que haya interacciones con esa persona, pero nada nos garantiza que esas interacciones impliquen un mundo equitativo, en el que “todo regresa” y “todo se equilibra” de manera tal que si X hizo mal, algo malo le sucederá, o viscecersa. Premio y condena terminan siempre siendo los preceptos a los que someterse. Como una especie de eufemismo pavloviano, nos reducimos a “portate bien para poder ir al cielo”, o si lo prefieren más “portate bien porque el mundo es redondo y todo regresa”; la lógica que usamos es idéntica a la usaba cuando extorsionamos a un niño diciéndole que si no se porta bien (cosa que significa hacernos caso en todo lo que digamos), Papá Noel no le traerá regalos. Sin embargo y a pesar de que las lógicas son idénticas, parecemos no querer entenderlas como tales, y le damos ontología de ficción a la “tradición” (si así podemos decirle a una gigantesca extorsión manifiesta) navideña y carácter religioso y sacral a un delirio del mismo tipo como los pecados capitales, mandamientos y cuanta estupidez diga ese Best Seller llamado La Biblia.

Es un consuelo de idiotas y una forma triste de vivir. Uno nunca “se porta bien” (hagamos de cuenta de que eso de “portarse bien” está claramente definido y delimitado) porque quiere. Uno nunca “es justo” (lo mismo que el último paréntesis) porque se le antojó serlo. Se debe ser justo y portarse bien so amenaza de un futuro peor, en el que todo regresa, incluido el mal comportamiento o la injusticia. Es la sociedad del intercambio absoluto, la compra-venta sin dinero. Hoy me portó bien para adquirir mi parcela de paz en el cielo. No es más que una expresión de ideología.

Nunca hay nihilismo, nunca las cosas son por sí mismas, no vale portarse bien como estoico acto de fe en sí mismo, vale portarse bien para obtener algo. Compramos tantas cosas que tratamos de comprar el futuro. Y si luego ese futuro que pagamos con “buenos actos” no nos es dado tal y como la ley de compra-venta lo exige, nos quejamos a la voz de “no merezco este destino”, “¿por qué me sucede esto?”, “esto debería sucederle a los asesinos y mal vivientes”. La realidad (misma aclaración que los demás paréntesis) indica que la justicia no existe, que es una construcción moral propia de cada cultura. La realidad (idem) indica que el tiempo solamente pasa (en el mejor de los casos y si queremos tener fe en él) y no que “pone las cosas en su lugar”. Lo único desubicado, al fin y al cabo, parece que somos nosotros entre tanta palabra sin aplicación real.

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