19.4.14

de los simulacros interminables

una multitud clama fanatizada por un falso cantante que compró publicidad para autopromocionarse en todos los medios de comunicación imaginables. explicarle a esa  multitud la esencia del ardid sería tan cruel como explicarle a los millones de turistas que visitan la selva amazónica   que el sonido que atribuyen a la fauna del lugar es en realidad una pista artificial fabricada en un estudio de grabación y reproducida en loop por una intrincada red de parlantes habilmente escondidos entre el follaje selvático sin vida animal.
de hecho, la vida animal de la selva amazónica  desapareció hace decenios, y desapareció por una causa muy noble: detener la deforestación del lugar es una tarea sumamente honerosa, demasiado, y para costearla hubo que recurrir al tráfico de animales vendiéndolos en el mercado negro...
la cuestión es que ni los fans del cantante falso ni los ecoturistas amigos del capitán planeta desean saber lo que en realida está sucediendo detrás de los telones. el simulacro sólo es perfecto si ambas partes pactan tácticamente para que la ilusión generada por la magia simbólica  del acontecimiento ("yo estuve ahí", o su variante "yo me tomé una foto ahí") parezca, en efecto, "real". el ritual se repite y lo que cambia es el contenido empaquetado. ahora hablamos de libertad, democracia o de un músico falso que simula romper una guitarra ya rota en medio de una simulación de enojo por ser un supuesto músico desbordante de talento y dinero. asimismo, los ecoturistas militarán en contra de la deforestación, cerrando sin saberlo un círculo hermoso.  el bosque que se acusa como deforestado es uno artificial, programado desde computadoras tamaño XXS     y con madera transgénica modificada genéticamente, más parecida a plástico que a madera. y será usada para producir celulosa. todo armado y desarrollado por máquinas y plantado de un día para el otro sin ningún respeto por eso otro artificio gramatical: NATURALEZA.
los simulacros son automáticos, autoreplicantes y autocomplacientes, y nuestras vidas los precisan, son rituales ordenadores que nos hacen sentir que cada cosa está en su sitio, aún cuando hablamos de quejarnos genuinamente según nosotros sobre algo. son eventos guíonados inconscientemente, que sirven para sostener una serie elaboradísima de mentiras colectivas que se van heredando irresponsable pero efectivamente de generación en generación.
dentro de ese circo "vivimos", indignados por la noticia del día y ocupados en la multiplicación criminal de una especie llena de vicios comportamentales.

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