Montevideo subterráneo

Bajo el pavimento hay otra ciudad: una costura de bóvedas, arroyos entubados, túneles clandestinos y las huellas mudas de fugas que atravesaron el tiempo. Te voy a contar del Montevideo subterráneo
Podés ver qué tan alto estás
Comienza la historia en las cuchillas antiguas. La Av. 18 de Julio sigue la Cuchilla Grande; La también Avenida José Belloni y 8 de Octubre recorren sendas cuchillas. Estas elevaciones moldeaban dónde era seguro construir, iban digitando una topografía urbanística que hoy yace como un plinto invisible sobre el que se asentó la ciudad. La topografía dictó además dónde el agua podía correr y dónde la ciudad podía enraizarse en una geografía gastada que aún hoy marca pendientes y drenajes. Hay varios arroyos antiguos escondidos bajo el asfalto montevideano, ya no los ves pero que siguen sus cauces como venas. Son muchos planos superpuestos; el visible, el colonial, el hidráulico, el político. Podemos nombrar algunos ejemplos:
El Arroyo de los Pocitos nacía cerca de la calle Garibaldi, tenía su divisoria de aguas en Av. 8 de Octubre, traía ramales como el arroyo del Chivero desde Parque Batlle, y el arroyo de la Buena Moza desde las inmediaciones del Zoo. Todos fueron canalizados bajo calles como Emilio Mac Eachen, en una zona dibujada en función de los numerosos cursos hídricos que había la zona, que condicionaron la aparición de muchas de las calles del barrio, que de alguna forma pusieron asfalto a lo que era el dibujo natural de la zona. Hasta los años `20 podías cruzártelos como si nada por la ciudad. Cuando llueve fuerte, parte del agua se comporta como si el arroyo nunca se hubiera ido y los sótanos de las viejas casas suelen llenarse de agua.
El Arroyo Malvín corre libre en parte, contaminado al pasar por Euskal Erría;
fue entubado desde mediados del siglo XX (Av. Italia hacia la Rambla) y su desembocadura fue desviada por ductos hacia Punta Gomensoro, en un trayecto que evidencia cómo la ciudad reescribió la costa.
El Arroyo del Buceo, invisible hoy, que corre por debajo de la calle Comercio. Y el arroyo “de los Chanchos”, que desembocaba en la rada del puerto de yates. Ambos arroyos fueron absorbidos por la ciudad, que los bebió con asfalto y conductos. 
El Arroyo Miguelete (el de la foto más arriba) es una gran arteria interna: nace en la cuchilla Pereyra, donde recibe decenas de afluentes (Mendoza, Pajas Blancas, Cerrito, Quitacalzones...) y desemboca en la bahía. No fue “entubado” en su totalidad porque funciona como reservorio y su cuenca condiciona buena parte del drenaje urbano. 
El Arroyo Pantanoso, nacido en las áreas de Camino de las Tropas / Camino Melilla, ha sido un reservorio histórico y un polo de recreo (antes con paseos en bote). Recibe la “Cañada Bellaca” antes de llegar al río; su cuenca dejó huellas en barrios y antiguos salones de té. 
Estos son apenas algunos ejemplos de arroyos que de una u otra manera condicionaron o interactuaron con la trama urbana montevideana, pero cabe decir que está lleno de ellos. 
La ciudad también está tapizada por una red de cañadas, algunas de ellas fueron bastante significativas, como la de Los Migueletes, en La Paz y Rondeau, un punto bajo y clásico de inundaciones, cerca de donde está la vieja Estación Central de AFE. Y es que durante lluvias intensas el lugar actúa como sumidero natural y, cuando la red colapsa, formando una “piscina” urbana. También están los Bañados de Carrasco, una cuenca natural que se intentó “secar” mediante canales, para urbanizar terrenos… pero el agua vuelve. Dicha cuenca aún cumple funciones de drenaje natural. 
Además, hay toda una red de pequeños ríos, algunos con nombres imposibles — Quitacalzones, Cerrito, Chivero, Patricio, Médanos, Canarias 
, que son memoria topográfica. Muchos de esos pequeños cauces hoy son tuberías bajo asfalto y jardines, y a veces reaparecen en fotos antiguas y en estudios de patrimonio. 
Buceo, donde los arroyos hoy son calles
También tenemos que mencionar que muchas calles copian los patrones trazados por los riachuelos y arroyos que antes hubo en la zona. Un libro de Américo Rocco describe cómo el trazado urbano del barrio del Buceo conserva esa huella de antiguos arroyos y cañadas que recorrían la zona antes de su urbanización. Menciona que el arroyo principal descendía desde la calle Caracas hacia Rivera, recibiendo afluentes como el de los Chanchos —procedente de los fondos de Veterinaria— y que su cauce, luego rectificado, marcó límites de antiguas propiedades. Entre las calles Rivera y Miguel Grau su recorrido puede reconstruirse observando las manzanas actuales, sobre todo en la zona de Caracas, Rizal, Tomás de Tezanos y Saldanha Da Gama, donde se conservan las curvas del cauce original. Más al sur, el arroyo giraba y seguía paralelo a Bustamante, mientras que otro tramo retomaba la dirección hacia Tomás de Tezanos y Rambla Armenia, recibiendo aguas desde las cercanías del actual Hospital F. Ferreira. En conjunto, el texto citado revela cómo la actual trama de calles y manzanas del Buceo se formó siguiendo, corrigiendo o aprovechando los cursos naturales del agua, cuyos rastros aún pueden reconocerse en la topografía y disposición del barrio.

Túneles escondidos

La red hidráulica subterránea funciona como un corazón oculto; y cuando se colapsa, el agua revive lo que quiso sepultar. También tenemos una buena cantidad de túneles, bóvedas y cámaras históricas bajo el cemento.
Librería Linardi & Risso
La librería Linardi & Risso (Casa del Vicario) guarda bóvedas y recintos abovedados bajo sus estanterías: una escalera detrás de libros conduce a salas antiguas que alimentan leyendas y reportajes sobre pasillos ocultos de la Ciudad Vieja. Toda la Ciudad Vieja / Cabildo está tapizada de numerosos túneles coloniales / pasadizos ligados al Cabildo y fortificaciones antiguas. La mayoría fueron construidos por misioneros en la época de la Colonia y tenían como utilidad servir de vía de escape en caso de una eventual invasión a la ciudadela fortificada, ya que por abajó de la tierra se podía huir de ahí. Algunas de esas bóvedas bajo iglesias o edificios públicos, aún hoy existen, tapiadas o cerradas al público por riesgo de derrumbe. También es frecuente que en esos sótanos haya inundaciones en épocas de lluvia intensa ya que el comportamiento del agua no reconoce ciudades. El Cabildo, la Catedral, el actual MTOP, la Plaza Independencia, la Zabala y el MRREE están todos interconectados. Muchos de ellos no tenían originalmente la función que hoy tienen sino que eran fuertes o fábricas importantes del 1800
También hay cosas curiosas como el pozo de agua bajo el Bar Barbacana, en Joaquín Requena, conservado del siglo XIX: vestigio del tambo que funcionó allí entre 1870 y 1904. En su baño de mujeres, una cisterna de 1903 completa la arqueología doméstica del lugar.
· Dato: si la estructura recibe agua subterránea se llama "pozo", si recibe agua de lluvia es aljibe.
Otros túneles no son tales sino que forman parte de la red cloacal de Montevideo, que fue la primer ciudad sudamericana en contar con una, datada en 1856 gracias a Juan José Arteaga
Esos túneles, hechos sin demasiados elementos tecnológicos más que un lápiz, un papel y unas palas, siguen en uso actualmente, siendo tan efectivos como para facilitar la vida de los montevideanos a 150 años de su creación.
En el Cerro, la Fortaleza General Artigas cuenta con cámaras defensivas y bóvedas asociadas a su función militar. Restos de arquitectura subterránea vinculados a estrategia defensiva y vigilancia. (Documentación de la fortaleza)
También las viejas vías de tren dejaron cicatrices en la trama urbana
Otro dato interesante del Montevideo subterráneo son las fugas que albergaron sus túneles. La primera que merece mención según los documentos, fue la fuga de la Carbonería, en 1931. Un túnel cavado hacia una carbonería usada como fachada permitió el escape de varios presos anarquistas, en un evento que luego conectaría con otra fuga famosa, la de los Tupamaros (1971), quienes excavando se toparon con los restos de ese viejo túnel, que aprovecharon para reeditar el escape.
Además, deberíamos mencionar la Operación Estrella (1971): una fuga masiva de casi 40 mujeres desde la cárcel de mujeres de Cabildo, que cavaron un túnel de más de 20 metros con cucharas, latas y cuchillos limados hasta una casa-cómplice.
Este es un tema que me apasiona y del cual siempre estoy buscando info, así que no descarto una parte II para el informe.

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