25.10.11

La honestidad como virtud máxima


A mi me interesa el dinero, no el periodismo. Toda esa historia de la ética y los principios no me va. Los principios no me van a dar de comer. – dijo mientras mimaba su teléfono celular de última generación como quien mima a un gato de ángora, aparato que tampoco le iba a dar de comer, es más, le iba a ocupar un gasto que podría ser para comida, pero no parecía importarle – si quieren miento, –prosiguió- pero yo no hago eso, yo digo la verdad, soy una persona honesta y asumo las cosas cómo son.

Me llamó poderosamente la atención la forma en que se excusó detrás de la honestidad para poder sentirse habilitado como para cagarse en la ética profesional de un periodista.

- es curioso... – dije interrumpiendo- es curioso porque te comportás exactamente como Herbert Marcuse decía que se comportaba El hombre unidimensional.
- Pero yo... – atisbó a decir el hombre con el celular de angora-
- Me dejás terminar, –dije bastante enojado – porque me deja la sensación de que te crees cool por decir lo que dijiste y que no tenés mucha conciencia. Por un lado enarbolás el principio de la honestidad, como si en nombre de él se pudiese hacer cualquier crimen. Yo puedo ser honesto si digo que deseo pegarte un tiro porque se me antoja. De hecho lo estaría siendo. Y si yo te pegase un tiro, mi honestidad no sería tenida en cuenta en un juicio. Porque hay lugares a donde la honestidad no juega un papel. La ética y la honestidad no van de la mano, la honestidad va contenida dentro de la ética. O se tiene ambas o no se tiene ninguna. Aparte del hecho de que la propia honestidad como forma de vida, responde a un ideal kantiano de persona moralmente adaptada y corregida, o sea co-regida, regida por algo más, acompañada. Y ese mismo ideal kantiano que asume a la honestidad como un deber, es el que también asume a la ética como una necesidad en la vida. Si vos te decís honesto pero no ético, te estás contradiciendo. Sos una especie de esquizofrénico de la moral. O es eso o sos un oportunista parecido a una puta que espera su chance de hacer el jornal en la noche. Y para yo serte franco, como no tengo datos clínicos de lo primero, me veo en la necesidad de suponer lo segundo.

No le dije nada de eso, lo miré con cierta incredulidad, metí un par de muecas y tomé más café. Para muchos soy cagón porque no le dije nada. Para mi soy una persona que va a lo concreto, decirle algo sólo serviría para humillarlo y exponerlo como lo ridículo que es. La gente no cambia. Si este tipo privilegia el dinero a lo que fuere no voy a ser yo quién le cambie su actitud por revolcarlo verbalmente delante de 5 compañeros de trabajo. Así que sí, soy un cobarde/pragmático, sólo discuto como demostración de respeto, como explicación de que considero que vale la pena perder el tiempo explicando algo que se me cruza por la cabeza en cierto momento y situación.

 

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