El regreso del hombre-orquesta
Se editó el disco póstumo de Sparklehorse
Cantante, compositor, multi-instrumentista y productor, Mark Linkous abandonó su
adolescencia como motociclista afecto a las felonías cuando vio que bandas como Mötley Crüe
se hacían famosas. Para corregir los horrores del Glam Metal creó Sparklehorse, una patada de
caballo en la cabeza del rock, que funcionó como una banda casi itinerante llena de
colaboraciones y centrada en un Folk-Pop lisérgico plagado de Lo-Fi.
Debutó en 1995 con el impronunciable Vivadixiesubmarinetransmissionplot, que le valió ser
telonero de los Radiohead, con cuyo vocalista intentaron hacer una versión del clásico de Pink
Floyd Wish you were here, pero en la cual la voz de Thom Yorke apenas quedó registrada ya
que fue grabada desde una conversación telefónica. Este vínculo musical condicionó la vida de
Sparklehorse ya que en la previa de su primer recital con los británicos Linkous se intoxicó
bebiendo un brebaje de antidepresivos y valiums hasta caer desmayado en el piso de su
habitación. Quedó desparramado de forma tal que una de sus piernas no tuvo sin circulación
sanguínea y cuando trataron de trasladarlo, Mark entró en paro cardíaco para luego estar
clínicamente muerto durante unos minutos. Resucitó, quedó postrado en una silla de ruedas
durante varias semanas y más adelante, en una entrevista recordando sus sensaciones,
comentó que le asustaba "pensar que esa parte de mi cerebro que me permitía hacer
canciones podría haber quedado dañada".
Editó 5 discos sin los atavíos propios de un rockstar ni grandes hits radiales. El reconocimiento
del extenso legado que dejaría Sparklehorse se expresa en forma de colaboraciones musicales,
de las que tiene tantas composiciones en carácter de banda como en posición de músico
invitado. El abanico de artistas es enorme y va desde Nina Persson (de The Cardigans) hasta
Tom Waits. Chris Walla de Death Cab For Cutie, Daniel Johnston, PJ Harvey, los Flaming Lips, el
renombrado productor Steve Albini, Iggy Pop, Julian Casablancas (de The Strokes), Suzanne
Vega, Vic Chesnutt y Black Francis (de Pixies) son apenas algunos de los más destacados
colaboradores con los que Sparklehorse hizo música. También podríamos incluir " Dark Night
Of The Soul ", proyectado junto al cineasta David Lynch y el afamado productor Danger Mouse.
Los diez temas instrumentales compuestos se complementaban con un libro con fotos del
director de Twin Peaks pero el proyecto se detuvo por problemas con la discográfica.
Finalmente, los músicos publicaron un CD vacío que venía con una esquela que decía "Por
razones legales, el CD incluido no contiene música. Úsalo como quieras”. La edición tomaría
forma unos meses más tarde pero para entonces el cuerpo sin vida de Mark apareció sin que
nadie termine de entender muy bien lo que estaba sucediendo. Ese disparo al corazón que en
2010 terminó con la vida Linkous dio inició a uno de los mitos más grandes de la música
alternativa en lo que va del siglo XXI. Sparklehorse fue el proyecto inacabado de un artista
psico-folk post grunge que concibió una fauna poblada por mares dentados, pianos
encendidos, camas hechas con manzanas, reyes de uñas y soles hechos de miel. El slowcore
fue su lenguaje y desde entonces pocos artistas fueron tan incomprendidos por el gran
público. Colin Greenwood, bajista de Radiohead, resumió la sensación de muchos ante su
muerte cuando dijo que "sus dos primeros discos fueron muy importantes para mí y me llevé su
música de la gira a mi propia vida y a la vida de mis amigos también".
Anti-requiém
Fue triste que Mark Linkous haya muerto justo en sus mejores años musicales pero todo
parece cobrar un nuevo sentido ahora que apareció este disco póstumo, enhebrado y
anestesiado entre cajones y papeles. La usual combinación de sonidos traídos del folk y rock
ahora recupera una melancolía necesaria que se expresa en forma de country psicodélico, el
género que este mago oscuro conjuró durante unos 10 años en los que nos alimentó con su
poesía dentada y un slowcore pegajoso.
Con la paciencia propia de un araña, Bird Machine esperó su cuarto de hora durante otra
década más en la que Matt, hermano de Mark, fundamental para el estreno, trabajó
lentamente, considerando cada detalle. La producción, editada a comienzos de este año,
estuvo a cargo del mítico Steve Albini, quien junto a la familia de Linkous dio forma a las 14
canciones que componen la placa.
Matt recuerda que “por esos años, él estaba escuchando The Kinks, MF Doom, Grandaddy, y
the Beatles” y también tiene en su memoria alguna charla en la que su hermano le dijo que
“quería hacer un disco más pop, sonando como Buddy Holly". Sparklehorse supo salir ileso de
discos más complejos que Bird Machine y ahora, de forma espectral, montó esta máquina de
hacer pájaros, que tiene un nombre parecido a la creada por otro rupturista como Charly
García.
“It Will Never Stop’ es el primer pájaro de la máquina; un pop punk enclaustrado en distorsión,
efectos sencillos y Lo-Fi tapizado de zumbidos que, como abejas metálicas, van creando
melosas texturas artificiales: miel sintética. Hay ocho canciones que perfectgamente podrían
ser una sola y extensa súper-canción. Los compases lastiman con la precisión de un ave de
presa y dejan cicatrices vivas en medio de un funeral sin música lacrimógena. Bird Machine
acierta en todo porque hay que estar a la altura de un disco póstumo, no se trata (o no debería
tratarse) solamente de compilar un puñado de canciones inéditas (a veces ni eso...) y tirarlas
disfrazadas con un montón de plumas para ver si algún nostálgico se enamora de nuevo de un
artista que jamás tendrá tiempo de maldecir por lo que hicieron con su legado.
"Listen to the Higsons" quiebra el disco en dos y da comienzo a un cierre electrizante. Tiene
fuerza de hit y la luminosidad consagratoria de un himno; además de funcionar como
metonimia para un álbum que, ante todo, es un antirequiem. Bird Machine celebra la memoria
de un artista fundamental para los últimos estertores de la música masiva, antes de este
desabrido rapto que la cultura de masas tuvo a partir del cual la única música convocante
parece tener ritmos cansinos y centroamericanos con búsquedas más afrodisíaco-comericales
que artísticas.
Más que despedir a Sparklehorse, con Bird Machine lo devolvemos por un rato a nuestra
dimensión. Tal vez como diciéndole a él, que en alguna parte debe andar iterando: "te
apuraste... mirá lo que te perdiste".






Comentarios